Con cada paso te has convertido en un experto delineante. Dibujas el cuidado en tu cuerpo, en tu mente, en tu casa, con tu familia, tu pareja, tus hijos, tus amigos de siempre, los nuevos y los que vendrán. Este equilibrio te deja disfrutar intensamente de todo cuanto te rodea. Ves a los demás y los aceptas y cuidas tal y como son. Dibujas las sensaciones que te provocan las miradas, ves dibujados tus propios gestos en los gestos de aquellos que te rodean y te das cuenta que todo está relacionado con nuestra forma de mirarnos a nosotros mismos y a los demás. Todo tiene sentido cuando dibujamos el cuidado.

 

Cuidarnos es un acto de cariño hacia nosotros mismos y a los que nos rodean. Dar es recibir, así de sencillo y de complejo. Parece una de esas reglas que te enseñaban en matemáticas. La intensidad de afecto que sientas por ti mismo es proporcional a aquella que compartirás con los demás. Sostener el lápiz y mantener el trazo firme y fluido requiere para nosotros un fuerte esfuerzo y concentración. Es difícil conseguir comunicar lo que estamos sintiendo pero encontramos placer en ese ensimismamiento, siempre merece la pena. Recibimos lo que damos. Y nos encanta.

Dibujar el cuidado es ser generoso en mimos hacia los que dan sentido a tu vida. Entretenerte unos minutos más en peinar a tus hijos cada mañana y enredar entre sus mechones de pelo horquillas de ternura que los acompañen y protejan durante todo el día. Es concederles en cada momento de su etapa de inocencia una ración extra de libertad y apoyo para ayudarles a formar su propia persona y que comiencen a garabatear libremente lo que luego terminará convirtiéndose en un dibujo hermoso, claro y de trazos bien definidos.

Dibujar el cuidado empieza por elegir la brocha más gruesa para pintar detalles de esmero que sostengan el equilibrio y la armonía de nuestra rutina. Es la pasión que convierte a nuestro trabajo en algo que trasciende de ser una obligación. Es la emoción de construir nuestro hogar peldaño a peldaño y el orgullo de poder compartirlo con los nuestros.

Dibujamos el cuidado sobre esas personas que llegan a nuestra vida como totales extraños y que gracias a cada trazo acaban convirtiéndose en hermanos de piel, porque no hay tatuajes más eternos que los vitales. El cariño es una promesa que no cuesta nada hacer, es estar incondicionalmente porque esa ofrenda nos completa y nos hace más perfectos.

Mayo es el ciclo del amor. Amor, amar, amado, enamorar, enamorarse… de uno mismo, de los demás, de una ciudad, de un gesto, de un ideal, de la vida… ¿Cómo puede ser una palabra tan compleja, rica y generosa? El amor es ver la esencia al mirar a otros. Aceptarlos y hacerles sentir que son valioso y únicos. El amor es cuidar a los demás. Es la afinidad que nos conecta al mundo, la complicidad con nosotros mismos al sentirnos satisfechos con cada paso dado. En mayo queremos que te sientas cuidado y mecerte en nuestras aguas como si volvieras al balanceo de esa cuna que contempló tus primeras sonrisas. El hammam se convierte en un regazo en el que soñar. Porque todo tiene sentido si dibujamos el cuidado. Todo tiene sentido si dibujamos el amor.