Siempre he pensado que un buen masaje es más que relajación; es un acto de cuidado profundo, introspectivo, íntimo. Lo que viví con NAFIRI, el nuevo servicio de Hammam Al Ándalus, superó mis expectativas y hoy te lo cuento aquí.
Durante siglos, el baño ha sido un lugar de cuidado, pausa y observación. En Al Ándalus, el Hammam formaba parte de la vida cotidiana: un espacio donde el agua, el calor y el tacto acompañaban a las personas en su forma de vivir. Hoy, ese legado se encuentra con una pregunta contemporánea: ¿qué ocurre realmente en el organismo cuando vivimos una experiencia termal?
“El agua me recuerda a ti: clara, pura, sin descanso.” — Ibn Zaydūn
La poesía no solo vive en los libros. También se esconde en los gestos que repetimos sin pensar, en los silencios que compartimos y en las sensaciones que nos conectan al presente. Nuestra vida está hecha de versos que no siempre se pronuncian, pero que nos recuerdan de dónde venimos, quiénes somos y hacia dónde vamos.
Durante los meses de invierno, la piel suele necesitar un cuidado más atento y enfocado. A lo largo de este artículo encontrarás una selección de productos y gestos esenciales para acompañarla en esta estación: propuestas para el rostro, el cuerpo y zonas sensibles, pensadas para aportar nutrición, confort y una experiencia de cuidado sencilla y agradable.
El invierno cambia el ritmo de todo. La luz cae antes, el cuerpo pide abrigo y la mente —a veces sin avisar— necesita bajar el volumen. En esos días, elegir planes para el invierno que nos devuelvan a la calma es una forma de cuidarnos sin esfuerzo: pausas sencillas, reales, que reconectan con lo esencial.
Ya sea en casa, al aire libre o en un espacio dedicado al bienestar, estos planes para fin de semana pueden convertirse en pequeños rituales para descansar de verdad.
Cuando llega el frío, la piel siente el cambio antes que nosotros. Se vuelve más sensible, más vulnerable a la tirantez y a esa sensación de incomodidad que aparece sin avisar. Por eso, hablar de cómo cuidar la piel en invierno no es solo una cuestión estética: es aprender a sostenernos con suavidad en una estación que nos pide bajar el ritmo, protegernos y volver a lo esencial.