Spike Jonze nos daba las claves para ser John Malkovich en la película del mismo título estrenada en el año 2000, usando como base un guión de Charlie Kaufman. ¿Pero qué pasa cuando, a la inversa, es el actor el que se propone ser cada uno de los personajes más relevantes del siglo XX? El fotógrafo Sandro Miller ha conseguido con esta exposición que, en vez de al actor estadounidense, veamos a Albert Einstein, Pablo Picasso, Che Guevara o a la mismísima Marilyn Monroe. Esta muestra estará en La Térmica de Málaga hasta el 29 de enero de 2017.

John Malkovich, el actor de las mil caras, en Málaga

Irving Penn – Pablo Picasso, Cannes, France (1957), 2014

Sandro Miller ha partido de 41 retratos icónicos de la fotografía de Norteamérica, que ya son símbolos del pasado siglo XX. Al entrar a la sala de La Térmica el espectador se cree que realmente está viendo a Dalí, Hemingway, Picasso y tantos otros. ¿Cuál es el secreto de esta visión óptica? Que el actor que encarna a todos estos personajes, John Malkovich, creyó ser realmente cada uno de ellos cuando los interpretó para la sesión de fotos.

John Malkovich, el actor de las mil caras, en Málaga
Arthur Sasse – Albert Einstein Sticking Out His Tongue (1951), 2014

Según el fotógrafo Sandro Miller, muy amigo de John Malkovich desde hace muchos años, los retos más complejos llegaban cuando el actor de más de 60 años tenía que entrar en el cuerpo de 32 años de Marilyn Monroe, para dar vida a la ambición rubia. Sin embargo, tras un proceso de trabajo y concentración logró ser ella tanto que el fotógrafo tuvo que despertarlo para que saliera del ensimismamiento en el que se hallaba.

John Malkovich, el actor de las mil caras, en Málaga
Bert Stern – Marilyn in Pink Roses (from The Last Session, 1962), 2014

“Malkovich, Malkovich, Malkovich, homenaje a los maestros de la fotografía” es un trabajo del fotógrafo Sandro Miller que surge cuando decide homenajear a los hombres y mujeres que le ayudaron con su obra a moldear su propia carrera. Después de seleccionar las imágenes que quería recrear contactó con uno de los actores más versátiles y polifacéticos de los últimos tiempos, John Malkovich.

John Malkovich, el actor de las mil caras, en Málaga
Annie Leibovitz – Meryl Streep, NYC (1981), 2014

“John es la persona más brillante y creativa que conozco. Su genio es incomparable. Puedo sugerirle una idea o un simple estado de ánimo y, apenas un momento después, se transforma literalmente en uno de los personajes. Confía tanto en mi trabajo y en nuestro proyecto… Me parece una bendición tenerlo como amigo y colaborador”, dice Sandro Miller. Y es que Malkovich está considerado como uno de los autores más camaleónicos de los dos últimos siglos.

John Malkovich, el actor de las mil caras, en Málaga
Dorothea Lange – Migrant Mother, Nipomo, California (1936), 2014

Algunas de las fotografías que el visitante podrá ver son el retrato de Irving Penn al escritor Truman Capote, arrodillado sobre una silla en un rincón. O la foto de Dorothea Lange en la que la anónima protagonista, una madre migrante, se encuentra con un semblante de tristeza. Tampoco faltarán fotografías famosas como la que Annie Leibovitz hizo a John Lennon y Yoko Ono para la portada de la revista Rolling Stone.

John Malkovich, el actor de las mil caras, en Málaga
Diane Arbus – Identical Twins, Roselle, New Jersey (1967), 2014

Sandro Miller tuvo esta idea cuando luchaba contra un cáncer y pensó, que si podía elegir, este sería el último trabajo que quería hacer. Un homenaje a los fotógrafos que cambiaron su manera de hacer fotografía y a las imágenes con las que creció. Hasta que concluyó las 41 fotografías pasó un año y medio. El motivo es que todos los objetos que aparecen están fabricados con precisión para que sea una réplica casi exacta, así que hubo un gran trabajo de investigación previo. Otro de los procesos que requería de tiempo era la caracterización del actor, maquillaje y vestuario. Cuando estaba listo, Miller le ponía delante el retrato a gran tamaño y Malkovich comenzaba a interiorizar y ensayar los gestos hasta que se convertía en ellos. Y este le decía, “Miller, soy un lienzo en blanco, píntame”.