Según la filosofía oriental, cuando realizas un propósito puedes hacer que suceda una transformación. Algunos pueden creer que se debe a que el universo nos está escuchando y cumple con nuestros deseos. Otros pueden pensar que lo más probable es que al tener siempre presente ese propósito nos vamos a esforzar todo lo que esté en nuestras manos día a día por conseguirlo. Enero siempre es como un lienzo en blanco, un desafío fascinante.

Enero, empezar el año renovados

Empezar un libro siempre es emocionante. Nos enfrentamos comedidos a las primeras páginas, sabiendo que en cualquier momento puede estallar algo grande: un sentimiento, una emoción, una risa, un llanto, un sobresalto, un suspiro… Aunque solo tengamos que continuar leyendo página tras página e implicarnos una y otra vez en la historia que se está desarrollando, a veces paramos porque demasiadas sensaciones se han apoderado de nosotros y queremos saborearlas lentamente. Otras veces lo único que nos pasa es que no queremos que la historia que nos está sorprendiendo acabe nunca. ¿Quién no ha deseado dar al pause alguna vez en su vida para postergar un momento hasta el infinito?

Algo así ocurre con nuestra propia vida. Año tras año nos enfrentamos a nuevos retos. Nuevas páginas en blanco están esperando para ser escritas y eso nos brinda ilusiones nuevas, pero también nos noquea y presiona por si no estamos a la altura. Enero representa la apertura de un nuevo ciclo. La renovación es el estado en el que las personas nos permitimos renovarnos y transformarnos, sea cual sea la etapa de la vida que estamos viviendo. Ya llevemos puesta la capa de la vitalidad propia de la juventud o esa que nos regala la templanza hacia la madurez. Enero siempre nos da una oportunidad.

Mudar la piel

Las serpientes y otros animales mudan su piel por la necesidad de crecimiento que tienen. Podemos observamor a estos reptiles saliendo de su propio cuerpo. En un acto que parece casi mágico. Como si asistiéramos a una reencarnación en vivo. Ya que dejan atrás una réplica idéntica de ellos mismos. Para continuar su camino más grandes y completos.

Las personas también tenemos la capacidad y la necesidad de crecer. Pero no siempre nos atrevemos a hacerlo. A veces los miedos se pegan a nuestros talones. Como falsos amigos que velan por nuestra seguridad. Pero no es así, hacen que sigamos en nuestro antiguo cuerpo, que no crezcamos ni evolucionemos. O, al menos, que lo hagamos más lentamente, con nerviosismo y temor, sin disfrutar de nuestras nuevas etapas.

Haz un trato contigo mismo

Haz un trato contigo mismo, escribe todas las páginas que conformarán tus próximos días tal y como tú decidas. Cree en ti mismo. Habrá días de indecisión y de apatía, no tendrás que estar al 100% en todo momento, no eres un robot. Pero si marcas los cimientos de tus objetivos podrás avanzar un poco más en ese camino para lograr esa renovación física y anímica que supone una continuidad en tu historia. O un inicio si así lo deseas. Es tu página en blanco, es tu vida, tú eliges qué olores y aspecto quieres que tenga. Déjate sorprender, como cuando abres ese paquete y te encuentras con que es el flamante y reluciente regalo que querías desde hacía tiempo. Recréate en su brillo y su aroma, ¡es tuyo!

Con los años nos agarramos a la misma rutina cotidiana casi por inercia y nos resulta muy difícil cambiar nuestro modo de vida. En ocasiones, aunque un día nos propusiéramos lo contrario, nos volvemos apáticos y envejecemos, dejando que todos nuestros propósitos se esfumen y nos desinflamos con los suspiros de los anhelos que in-completan nuestra existencia.  

A veces es necesario ser como esos animales que mudan la piel y entregarnos a esa completa renovación en la que nos volvemos más grandes y completos. Ya que si desechamos lo viejo y lo muerto, habrá lugar para lo nuevo en nuestra vida. Y siempre es mejor empezar hoy que mañana. Además, nunca seremos tan jóvenes como hoy.

Porque somos capaces de hacerlo y, sobre todo, porque nos lo merecemos.

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