Hubo un tiempo, ya lo hemos comentado en este blog, en que Córdoba fue casi la capital del mundo. Una metrópoli que marcaba tendencias, que exportaba cultura y un lugar desde donde se dominaba otras culturas y pueblos.

Hoy queremos profundizar en las personas, las dinastías y los linajes que llevaron a la ciudad califal a su mayor esplendor como eje del mítico estado musulmán: la dinastía de los Omeyas.

La leyenda árabe sobre el origen de los sueños

Este linaje tiene su origen en un clan de la tribu quraysh, de La Meca, a la que pertenecía directamente el mismísimo Mahoma. El antepasado que da nombre a la familia, Umayya ibn Abd Shams, era sobrino de Háshim, bisabuelo del profeta.

No obstante, no fue hasta el año 929 cuando se proclamó el estado musulmán andalusí con capital en Córdoba. Fue proclamado por Abderramán III. El Califato ponía fin al emirato independiente instaurado por Abderramán I casi doscientos años antes,en 756, y perduró oficialmente hasta el año 1031.

En ese momento, se produjo una progresiva fragmentación del estado Omeya, dando lugar a distintos reinos que fueron conocidos como taifas. Nadie duda de que la época del Califato de Córdoba fue la época del máximo esplendor político, cultural y comercial de al-Ándalus.

El Califato Omeya: Cuando Córdoba fue capital del mundo

La Córdoba de Abderramán III contó con una economía fuerte, basada en el comercio y alimentada por una incipiente industria artesana, a la que se sumaban también unos recursos agrícolas más avanzadas que el resto de civilizaciones de su tiempo. La moneda de oro cordobesa era básica en sus relaciones comerciales y se convirtió en la referencia de la época, llevando al Califato a ser la primera economía conocida tras la caída del imperio romano.

Abderramán III fue el octavo soberano Omeya de España y el primero que asumió el título de Califa. El monarca siempre tuvo una obsesión: Hacer de Córdoba la principal ciudad de Europa, ranking en el que compitió durante décadas con Bagdad y Constantinopla, que respectivamente eran las capitales del Califato Abasí y el Imperio bizantino.

Los historiadores discrepan sobre el número de habitantes que Córdoba podía tener en tiempos de Abderramán III, aunque algunas fuentes apuntan a que llegó a superar el millón de habitantes, con importantes ciudades ‘secundarias’ en su entorno como Zaragoza, Granada o Almería. Algunas crónicas calculan que la ciudad disponía de mil seiscientas mezquitas, trescientas mil viviendas, ochenta mil tiendas e innumerables baños públicos.

Precisamente por ello, en Hammam Al Ándalus Córdoba no dudamos en que uno de nuestros servicios estrella debía llevar el nombre de la dinastía que dio a la ciudad relevancia mundial: El Ritual Omeya

La experiencia es ciertamente motivadora: este ritual combina el masaje tradicional realizado sobre piedra caliente con un doble masaje relajante para una sensación más profunda. El masajista utiliza sobre el cuerpo abundante espuma de jabón natural para frotar con el guante tradicional árabe de kessa, para acabar con las células muertas de la piel y activar la circulación.

Una respuesta a “El Califato Omeya: Cuando Córdoba fue capital del mundo”
  1. Siria es una gran desconocida, simpree ha tenido una imagen de rebelif3n en la mente de la gente, un sitio peligroso en el que los radicales podedan hacer cualquier cosa. Nada me1s lejos de la realidad: gente muy amigable, un care1cter muy abierto y un Islam bien entendido hacen del paeds un destino fante1stico. No sf3lo por la Mezquita de los Omeyas (que cuenta con restos del templo romano que habeda en la antigfcedad), tambie9n el Crac de los Caballeros, la Ciudadela y los zocos de Aleppo Le1stima que la situacif3n actual haga que esa mala imagen de lugar peligroso se haya hecho realidad y venga a confirmar lo que tanta gente, poco informada, comentaba.

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