El día 28 de este mes, como cada febrero desde 1980, se conmemora el Día de Andalucía.

Pero Andalucía no es un día en el almanaque, ni un himno ni una fiesta, sino su gente, su geografía y su historia plural y multicultural, que a través de los siglos se ha ido conformando en un territorio con identidad única.

Andalucía es más que un lugar en el planisferio de un mundo en construcción y de mapas cambiantes.

Andalucía es más que una noticia en cualquier medio de comunicación, más que un Gobierno y sus elecciones.

Andalucía son los patios encalados, las calles empedradas, los monumentos y las recientes edificaciones.

Andalucía es esa mujer de cualquier pueblo que asiste cada semana a la biblioteca porque allí hay un club de lectura que la ilumina de libros y tertulias. O esa mujer que dirige una junta directiva. O esa mujer que abre el libro de texto en un colegio. O esa mujer que entra en el quirófano para salvar la vida de un enfermo.

Andalucía son personas detrás de su escritorio, su caja o sus pantallas, trabajando cada día laborable para que todo funcione. Y personas en la fábrica, la fugoneta, la tienda y el reparto.

Andalucía también es el pequeño agricultor junto a su mata tomatera o el ganadero frente a sus ovejas, cabras y reses. Andalucía es más y más y más.

Andalucía son sus ríos, afluentes, arroyos, charcos, lagunas, mar y océano.

Andalucía son sus montañas, su nieve, sus manantiales, arboledas, vides, olivos, bosques y marismas.

Andalucía es un litoral interminable de playas. Y hoteles y apartamentos turísticos donde media Europa llega esperando mil rayos de sol.

Andalucía no es solamente Semana Santa, toros, fandangos, sevillanas, Feria de Abril, Corpus Christi, sainete, chirigotas, verbenas o cruces de mayo. Por que estas fiestas son apenas una parte pequeña de su identidad, pero no toda su identidad.

Andalucía es metáfora de una plaza querida por cada andaluz en su localidad, una plaza en la que hay un niño que aprende a andar y un anciano que lo sujeta mientras gatea y tropieza. Y ese niño representa el futuro y los nuevos proyectos, que ni siquiera conocemos.

Estamos todos los andaluces con ese niño, poniendo el hombro y la risa para que crezca y aporte para Andalucía. Y no importa si ese niño es sevillano, almeriense, marroquí, boliviano, malagueño, onubense o cordobés, porque ese niño que empieza a levantarse en esta tierra ya pertenece a esta tierra y es suya esta tierra para labrarla o para poner sus pies en ella con orgullo y esperanza.

Carlos Cano dedicó a Andalucía una canción convertida en su segundo himno: “Amo mi tierra / Lucho por ella / Mi esperanza / Es su bandera / Verde, blanca y verde”.

El himno oficial lo compuso Blas Infante: “Los andaluces queremos / volver a ser lo que fuimos / hombres de luz, que a los hombres, / alma de hombres les dimos”.

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