Os lo comentábamos a través de nuestras redes sociales. Hace unos días Hammam Al Ándalus consiguió la Sefarad Card del distintivo RASGO. Esta tarjeta acredita a nuestros baños  como establecimientos  participantes en el Otoño Serfadí. Que se ha celebrado en Córdoba del 27 de septiembre al 6 de octubre.

El Hammam de las tres culturas

El objetivo de esta programación cultural es dar a conocer y difundir la incidencia de la cultura judía en la tradición e historia de esta ciudad. Entre las actividades de esta edición se cuentan diferentes talleres, ponencias, catas, visitas y rutas. Como participantes en esta iniciativa, el pasado 2 de octubre Hammam Al Ándalus organizó un taller sobre el baño judío.  Por lo que también queremos compartirlo con todos nuestros seguidores.

El hammam como espacio social

En Al Ándalus los baños públicos se convirtieron no solo en lugares para mantener la higiene, si no en espacio sociales. El hammam se transformó en lugar de uso de hombres y mujeres, ricos  y pobres, personas de todas las edades y religiones. Judíos, árabes y cristianos, usaban los baños árabes.

En relación a este último aspecto destaca que el agua, núcleo del hammam, es un elemento simbólico profundamente arraigado en las tres religiones. Cada culto tiene una simbología ligada a la pureza y la limpieza del espíritu. Por esto, cada religión tiene sus propios mandatos y preceptos respecto al baño. El agua se convirtió en nodo de convergencia entre las tres culturas que llegaron a convivir en Al-Ándalus.

Los árabes de Al Ándalus, provenientes de zonas desérticas, quedaron maravillados del agua de la península y de las construcciones romanas levantadas para la gestión de la misma. Adaptaron el uso de los acueductos y las termas, haciéndolas suyas e introduciéndolas en su vida cotidiana.

Los habitantes de Al Ándalus difundieron y popularizaron la costumbre del baño, extendiéndolo a todos los estratos de la sociedad. Tanto es así que se convirtió en un edificio clave de la planificación de las ciudades, como lo eran el zoco o la mezquita.  Esta generalización del uso de los baños dio lugar a su maravillosa distribución y arquitectura.

“que ningunt ningún judío non sea osado bañarse en baño en un con los cristianos”

Dependiendo de la abundancia o escasez del agua en la ciudad en cuestión había un único o varios baños. Si la ciudad no contaba con abundancia de agua, el baño era compartido por todos los ciudadanos y se establecían horarios semanales. Las mujeres accedían al recinto los lunes y los miércoles; los martes, jueves y sábados lo hacían los hombres; finalmente, los domingos lo hacían los judíos. Este acuerdo se mantuvo hasta que Alfonso X El Sabio, decretó por ley que judíos y cristianos no podían compartir el espacio.  En ciudades en las que el agua era un bien abundante, cada barrio tenía su propio baño. En torno al cual se concentraba su comunidad.

Había baños de muy diferentes precios en función de la categoría social a la que estaban destinados. Y el barrio en el que se encontraban.  Los baños eran edificios oficiales, y que  por tanto pertenecían a emires o califas.

El baño judío y la mikveh

Con motivo del Otoño Sefardí, os dejamos algunas pinceladas del baño judío. Ya que en la ley y tradición judía existen diferentes momentos. En los que deben realizarse baños rituales como parte del culto religioso.

El baño ritual más importante es la mikveh, una piscina de agua natural en la que el practicante debe sumergirse por completo. Los hombres deben bañarse cada viernes y antes de las fiestas más destacables. Para las mujeres judías era de obligado cumplimiento antes de su boda, después del parto y al finalizar cada menstruación.

El baño público de la Sefarad, barrios o áreas mayoritariamente judíos durante la España medieval, eran muy parecido a los árabes. Contaban con sala de agua caliente y sala de agua templada,  comunicado por salas abovedadas más pequeñas.

El baño público era el paso previo por el que debían pasar los judíos y judías antes de realizar el baño ritual. Ya que para realizar la limpieza del alma a la que este estaba destinado primero debía purificar completamente su físico.

La construcción de este segundo baño era muy específica, estaba registrada en los escritos sagrados, la Tolá. Como dato curioso, debía contar con siete escalones de descenso a la piscina. Yotros escalones de ascenso, por el que subía la persona ya renovada.